VOLVIO EL CLASICO DE TERROR QUE MENOS ESPERABAMOS

‘La noche de Halloween’ (1978) no fue el primer ‘slasher’ de la historia pero sí el prototípico, porque incluía muchos de los elementos que en la década posterior se convertirían en consustanciales al subgénero. En ella, ataviado con su máscara blanca, el misterioso e imparable asesino Michael Myers aniquilaba a adolescentes que bebían y tenían sexo; y no es casual que fuera Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), que permanecía alejada de esos vicios, la joven que finalmente le paraba los pies. Dicho de otro modo, si los ‘slasher’ de los ochenta fueron un reflejo de la sed de represión y venganza puritanas, la por otra parte magnífica tercera película de John Carpenter fue la que les enseñó a serlo.

Ninguna de las secuelas que generó acreditaron más propósito que ampliar el catálogo de maneras de matar, y ni siquiera los intentos de darle nuevos aires llevados a cabo por Rob Zombie con sus dos entregas lograron corregir la sensación de que a la saga no le quedaba un ápice de creatividad. Y es precisamente por eso que, ahora, la nueva entrega, de entrada, encarna un intrépido viraje: se trata de una secuela directa del original de Carpenter, cuya premisa es que los otros ‘reboots’ y continuaciones ni siquiera existieron. Y, adoptando esa estrategia, el director David Gordon Green dota a su película de verdadera razón de ser: explorar los efectos profundos e indelebles que la violencia y el trauma tienen en las víctimas.

Al principio de ‘La noche de Halloween’ (2018), en efecto, Myers lleva encerrado cuatro décadas pero Laurie nunca ha dejado de estar obsesionada con él —y quienes la rodean se han visto obligados a sufrir las consecuencias de esa fijación—; ha vivido toda su vida preparándose para el día en que se enfrentaría de nuevo al monstruo, y rezando para que llegara.

 El estreno en la Argentina es para el  próximo 25 de OCTUBRE. 

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