SAY NO MORE DESBORDO EL LUNA

Habría que empezar por el cierre, con ese Luna Park colmado e iluminado por las luces del final coreando Inconsciente colectivo, para entender lo que sucedió este miércoles por la noche en el regreso de Charly García al mítico Palacio de los Deportes después de siete años.

A las 21, Charly irrumpió en el escenario para volver a encender La Torre de Tesla y continuar con el idilio eterno que mantiene con el público argentino. Esa parte de la religión Say no more que después de una hora y veinte de canciones de ayer, de hoy y de siempre, le pide “una más” a pesar de que su cuerpo y sus 67 años le reclaman lo contrario.

De entrada, una sorpresa. A la izquierda, Charly con guitarra eléctrica en mano, sentado en un sillón de cuero y con el bigote marrón y blanco intacto. Al centro, Nito Mestre, como en aquel Adiós Sui Generis de 1975, para hacer Instituciones.

Salió Nito y entró Rosario Ortega, ladera fiel en los coros, que durante varios momentos se vuelve voz principal. Enseguida sonaron las teclas de De mí, en versión más corta y algo subida de tempo, para adivinar que el setlist sería similar a los últimos shows de este ciclo en el Gran Rex.

La torre se iluminó y las pantallas mostraron imágenes de 2001 Odisea del Espacio para ilustrar La máquina de ser feliz, corte de Random, su última creación.

A la derecha del escenario, el Zorrito von Quintiero dirige a la banda que completan Giude Kayashida en guitarra, Toño Silva en batería y Carlos González en bajo, todos bien atentos y alertas para intentar seguir a un Charly que economiza recursos.

Algún acople por ahí, otro desajuste por allá. A nadie le importa si el genio del rock nacional se olvida algún verso en Lluvia: ahí está Rosario para seguirlo de cerca y cubrirlo. “¡Te amo Charly!”, le gritan al final del tema. Y García vuelve a agarrar la viola para ese riff irresistible de Cerca de la revolución. El Luna se enciende.

 

Llega la bellísima Parte de la religión, con duelo tecladístico con el Zorro. Al rato, Charly amaga a irse. Rosario le recuerde al oído que todavía falta El Aguante y varias más. “¡Gracias por todo Charly!”, lo anima una desde el campo. Y Charly devuelve un “Gracias por todo, Rosarito”, para hacer lagrimear al estadio.

Y claro que faltaban más: Rezo por vos, Demoliendo hoteles, Nos siguen pegando abajo, en la seguidilla más hitera de la noche. Y a la tercera, el Luna se prendió fuego: si hasta los del Súper Pullman se pararon a bailar. “Chau”, avisó antes de que terminara la de Ella es menor, él es normal. Y el telón presagiaba que se podía acabar. Algunos empezaron a enfilar para la salida.

El “MMLPQTP” y el “vamos a volver” bajaron de las plateas al campo para reclamar la vuelta. “No veo nada”, se oyó decir a Charly detrás del telón, señal de regreso. Al develarse, Pedro Aznar apareció para rememorar tiempos de Serú Girán y ejecutar una poderosa No llores por mí Argentina. Nito volvió para hacer a tres voces con Ortega, El día que apagaron la luz.

Pero al final, las luces se encendieron. “Muchas gracias. Viva la música”, dijo el mito viviente de nuestro rock para despedirse. El Luna quería más. ¿Hasta dónde llegará Garcia y su máquina de llenar estadios?

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