El próximo 1 de mayo, Mandarine Park propone algo distinto a la lógica habitual de la noche electrónica. Esta vez, todo empieza de día. Desde la tarde, con el sol todavía marcando el pulso del lugar, la experiencia se construye lentamente hasta fundirse con el atardecer. Y ahí es donde Prydz cobra todo el sentido.

Porque si hay algo que define al artista sueco no es solo su música, sino su manera de narrarla. Sus sets no funcionan como una sucesión de tracks, sino como un recorrido emocional donde cada transición tiene intención. Hay tensión, hay liberación, hay momentos que parecen suspendidos en el tiempo. Y cuando cae el sol, ese viaje suele alcanzar su punto más alto.
A lo largo de su carrera, Prydz logró algo que muy pocos artistas pueden sostener durante tanto tiempo: evolucionar sin perder identidad. Desde himnos globales hasta piezas más profundas bajo sus alias, su universo sonoro se mantiene coherente, sofisticado y absolutamente reconocible. No sigue tendencias, las anticipa.

Su última visita a Buenos Aires dejó claro que existe una conexión real con el público local. Hay algo en su sonido —melódico, introspectivo, con una sensibilidad muy marcada— que encaja perfecto con este tipo de propuestas donde la experiencia importa más que el impacto inmediato. Su set funciona como un puente ideal: prepara el terreno emocional y acompaña la narrativa sin romperla.
El lineup se completa con Eze Ramírez y Greta Meier, dos nombres que aportan lectura local a una noche pensada con criterio global.








